domingo, 18 de diciembre de 2011

Historia del baile Clásico

El ballet se originó a finales del siglo XV,
a partir de los números de danza que se
 representaban en los festines de las cortes
italianas. Estos elaborados espectáculos que
 desprendían pintura, poesía, música y danza,
tenían lugar en grandes salas que se utilizaban
tanto para banquetes como para bailes. Su
contenido era normalmente alegórico-mitológico.

Los ballets cortesanos italianos fueron
ampliamente desarrollados en Francia. El
Ballet cómico de la Reina, el primer ballet
del que sobrevive una partitura completa, se
estrenó en París en 1581. Fue creado por
Beaujoyeux y bailado por aristócratas aficionados en un salón con la familia real sobre un estrado al fondo y los espectadores en las galerías de los otros tres lados del salón. Ello determinó el carácter de los futuros ballets cortesanos, que cristalizaron en el siglo XVII en las diferentes cortes europeas con sus presuntuosos vestuarios, decoración, fuentes artificiales, luminotecnia, etc.

El ballet de corte alcanzó su cumbre durante
el reinado de Luis XIV (1643-1715), cuyo
nominativo de “Rey Sol” derivó de un papel
que ejecutó en un ballet. Muchos de los ballets
presentados en su corte fueron creados por el

compositor italiano francés Jean Baptiste Lully
 y el coreógrafo francés Pierre Beauchamps, a
quien se atribuye la determinación de las cinco
posiciones básicas de colocación.

En 1661, Luis XIV fundó la “Academia Real de
la Danza” para maestros . La danza empezaba
a configurarse como una disciplina profesional.

En un primer momento solo los hombres podían
participar, y los papeles femeninos los realizaban
estos mismos disfrazados. Las primeras
bailarinas aparecieron en 1681 en un ballet
llamado “El triunfo del amor”.

La técnica de la danza en este periodo,
recogida por Raoul Feuillet en su libro
 “Coreografía”, incluía pasos y posiciones
todavía identificables. Se desarrolló una
 nueva forma teatral: la ópera ballet, que
abarcaba el canto y la danza en una serie
de danzas unidas por un tema común.

Los bailarines del siglo XVIII se veían
entorpecidos por los trajes, zapatos, pelucas
y miriñaques.

Fue Marie Anne Camargo quien acortó las
faldas y empezó a usar zapatillas sin tacón,
para exhibir sus pasos y saltos. Su rival, María
Sallé desechó el corsé y se colocó túnicas griegas
 para bailar “Pigmalión”.

A pesar del virtuosismo de los bailarines
franceses, los coreógrafos que trabajaban
fuera de París consiguieron una expresión más
dinámica en sus ballets. Fue John Weaver quien
eliminó las palabras e intentó transmitir sentido
dramático por medio de la danza y el gesto. En
Viena se dio a conocer la pantomima.

En este sentido hay que destacar la figura de
 Jean Georges Noverre, cuyas Cartas sobre la
danza y los ballets (1760) ejercieron una notable
 influencia. Para él, los movimientos debían fluir
naturales y armónicos. Noverre encontró una
oportunidad para plasmar sus ideas en Stuttgart, A
lemania, donde produjo por primera vez
 “Medea y Jasón”.

Jean Dauberval, alumno del anterior, en su
ballet “La fille mal gardée” (La muchacha mal
custodiada, 1789) aplicó los principios de su
maestro.

La danza en puntas empezó a desarrollarse,
 aunque los bailarines se ponían de punta sólo
 unos instantes, ya que aún no se habían inventado
 las zapatillas de punta dura.

El ballet "Las Sílfides", cuya primera
representación tuvo lugar en París, inauguró
el período del ballet romántico. María Taglioni,
solista, interpretaba una criatura sobrenatural
que es amada y destrozada de forma involuntaria
 por un mortal. Las sílfides inspiraron muchos
cambios en los ballets de la época.

También debemos mencionar “Giselle” (1841),
con música de Adam y coreografía de Jean Coralli.

El ballet romántico, sin embargo, no se inspiró
exclusivamente en temas sobre seres de otro
mundo.

Las mujeres dominaban (y aún lo siguen haciendo)
en el ballet romántico.

Entre el ballet que vivía un proceso expansivo en
 Europa y la escuela bolera (danza académica
española) surgió un importante vínculo. Los temas
 españoles comenzaron a estar de moda en los
repertorios de los ballets. El gran Marius Petipa
cristalizó la esencia española dentro del ballet
clásico, produciendo entre 1847 y 1888 junto
a Ivanov una serie de ballets y fragmentos de
aire y estilo españoles que son verdaderas obras
maestras.

Pero en Europa el ballet empezaba a perder
interés. Durante la segunda mitad del siglo XIX
se produjeron pocos ballets destacables en la
Ópera. Aunque sí que podemos señalar
 “Coppélia”, “Sylvia” y “La fuente”, con
música de Leo Delibes.

Rusia, sin embargo, sí que siguió con la tradición
 del ballet, gracias al coreógrafo Marius Petipa.
Entre sus obras están los ballets quizás más
conocidos: “La bella durmiente” (1890), “El lago
de los cisnes” y “Cascanueces”, las tres en
colaboración con Liev Ivanov, sobre música de
Piotr Ilich TChaikovski.

Petipa llegó a convertirse en un punto de
referencia. Fokine hizo hincapié en la idea de
la expresividad.

Los Ballets Rusos, fundados por S. Diaghilev con
 la colaboración del anterior, supusieron el inicio
del ballet moderno. Supuso el resurgir de la figura
 masculina que había sido olvidada y la aparición
de nombres como Vaslav Nijinski. La compañía
creó un gran número de nuevas piezas, incluido un
 ballet de un solo acto de Fokine de temática
oriental: “El pájaro de fuego” (1910),
 “Sheherazade” (1910) y “Petruska” (1911).

Diaghilev contrató no solo a compositores y
coreógrafos sino también a artistas, pintores,
 poetas y compositores de Europa occidental,
como Pablo Picasso y Maurice Ravel, para
colaborar con los ballets. George Balanchine, y
el bailarín y coreógrafo ruso francés Serge Lifar
 abrieron nuevos horizontes al ballet.

Aquellos artistas que habían colaborado en la
compañía contribuyeron al florecimiento del ballet
 en Europa y América. Anna Pavlova, que bailó en
 las primeras épocas de los Ballets, creó su propia
 compañía. Fokine trabajó con el futuro American
 Ballet Theatre. Massine colaboró con el Ballet
Ruso de Monte Carlo, compañía creada tras la
 muerte de Diáguilev. Dos antiguos miembros de
 los Ballets Rusos, Marie Rambert y Ninette de
Valois, colaboraron en la difusión británica del
ballet. De Valois fundó la compañía que llegaría a
 ser el Britain’s Royal Ballet.

Entre los años 1920 y 1930 comenzó a
desarrollarse en Estados Unidos y Alemania
la danza moderna. Martha Graham, Doris
Humphrey y Mary Wigman, crearon nuevos
estilos de movimiento con un progresivo
acercamiento al realismo. Se amplió la
capacidad de movimiento con un uso más
libre del cuerpo.

En la década de 1930, Massine inventó el
ballet sinfónico, que trataba de expresar el
contenido musical de sinfonías de los compositores
 alemanes Ludwig Van Beethoven y Johannes
Brahms. Balanchine a su vez comenzó a crear
ballets abstractos. Jewels (1967) está
considerado como el primer ballet de larga
duración de este tipo.

Durante los años 40 se fundaron en Nueva
York dos grandes compañías de ballet, el
American Ballet Theatre y el New York City
Ballet. A partir de la segunda mitad del

 siglo XX, se han creado compañías de ballet
en muchas ciudades de Estados Unidos y de
Canadá.

En los años 50, las compañías rusas
(la del teatro Bolshói y el teatro Kírov, por
ejemplo) hicieron por primera vez
representaciones en Occidente. La influencia
rusa sobre el ballet ha sido inmensa. Encontrándonos
con los famosos casos de deserción como
Rudolf Nureyev, Natalia Makárova, y Mijaíl
Baryshnikov, director del American Ballet
Theatre de Nueva York, desde 1980 hasta 1989.

En España hay que destacar la figura de Víctor
 Ullate, quien en 1979 se convierte en el director
 del Ballet Nacional de España. En 1987 Maia
Plisiétskaia fue nombrada directora artística del
 Ballet Lírico Nacional. La incorporación del
coreógrafo y bailarín español Nacho Duato como
director artístico de la Compañía Nacional en 1990 ha supuesto un cambio innovador en la historia de la compañía, que ahora se ha alejado del ballet clásico propiamente dicho para acercarse de lleno a la Danza Contemporánea.

Finalmente hay que destacar el esfuerzo cubano
 en el desarrollo del ballet con su “Ballet Nacional
 de Cuba”, fundado y dirigido por Alicia Alonso.

El repertorio del ballet actual ofrece una gran
variedad de estilos e influencias. Coexisten
ballets modernos y los pertenecientes al
repertorio clásico, aunque podemos decir que
es la danza contemporánea la que está ganando
actualmente el terreno.

Publicado por: Yessica & Alex

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